viernes, 29 de junio de 2012

Cuando esa música que fue tu alegría... ahora es melancolía...

Hubo un momento de mi vida, hace unos años, en que lo único que me salvo, además de la compañía de mis amigos, fue mi pasión por la danza, y más precisamente, por el flamenco que siempre lo sentí en mi sangre gitana.
Nunca olvidaré mis ganas de ir a esas clases sin importame nada, ni el frío ni el calor, ni la tierra ni la distancia... como hoy son los pretextos que suelo poner cuando no me dan ganas de salir... Tal vez, sea porque fue un compromiso que asumi, porque tenía un objetivo que cumplir o como yo creo, fue simplemente porque es una de las pasiones más fuertes que puedo sentir.
Y ahora, cuando escucho esa melodía, esas que de pronto ponen una sonrisa n mi rostro y me alegran el día (porque aún lo siguen haciendo), también, en días com hoy por ejemplo, logran que se me escapen unas cuantas lagrimas extrañando esos momentos en que la danza era mi mundo. Y hoy tengo tantos mundos que de pronto me doy cuenta que la danza ya ni siquiera forma parte de mi mundo... (aunque en mi corazón siga palpitante el amor, porque es real).
Indescriptible es, claro que sí, estas ganas insuperables de subirme ya a un tablao y dar lo mejor de mi, o simplemente ponerme mi pollera con vuelos, mis zapatos y comenzar a bailar, ¡cómo puede ser que no halle el momento! Y es así como hoy, y ya no es la primera vez, me dio un ataque de melancolía de saber si algún día volveré a hacer de la danza mi mundo... o al menos volver a dedicarle unas cuantas horas por semana porque realmente extraño esto como nada en el mundo.
El flamenco es mi refugio. El flamendo es mi guía. El flamenco enamorá.

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