viernes, 5 de octubre de 2012

Filosofando en casa.

Cada vez que tengo que estudiar, a mi se me da por descubrir nuevas canciones de Sabina, soñar con Neruda y el mar, planear estrategias revolucionarias al estilo Che o cocinar (en ese orden). Eso, sin contar las ganas de comprarme un lienzo y embriagarlo de colores. MUERO DE GANAS.
O la fotografía, quizás. La verdad es que admiro mucho a los fotógrafos. Hay que ser demasiado despegados para entregar ese instante de su vida a otros. Estar del otro lado, mirando como pasan las cosas y transmitirlas. Es parecida a la tarea del periodista, no?
Pero también, quiero volver a hacer teatro y retomar mis clases de flamenco! Realmente extraño las dos cosas.
Y no es que no quiera rendir, sino que odio estar obligada a algo. Mi caprichosa alma bohemia.
Es más, hasta me puse a limpiar mi cuarto y a ordenar la ropa. (Igual, a eso, siempre lo hago antes de estudiar). Es como el primer paso: Ordenar la casa para ordenar mi cabeza.
También, viajar al campo podría ser. Me inspira.
Y ahora se me metió el templo del sol en la cabeza. Y más, que ayer ví el último video de Arjona grabado ahí, en el de Guatemala. Lindo. Muy lindo. Y con mucho verde! Parece ser un país para conocerlo pronto.
A mi no me dan miedo las cosas que pasan en Centroamerica. Prefiero mil veces estar ahí y no en Europa. Es como que siento que de la cultura europea lo puedo leer o ver en fotos pero en Latinoamerica, tenes que estar!
No creo en las imágenes que muestran los medios. O bueno, será que me gusta jugar con los límites. Y ahora con pasaporte en mano y siendo mayor de edad, es como que no pueden detenerme. No hay límites para mi, más que los que yo misma me pongo y justamente, son esos los que intento romper.
Así que por ahora, en mi casa, dejaron de lado el indisciplinado hijo para quejarse de la hija insolente y caprichosa.

Nunca un domingo.

Cuando la conoció le dijo "soy un tipo jodido y así te voy a amar: jodidamente."
La primera vez que la tuvo dormida le dijo al oído sin despertarla: "ahora tengo la llave de tu piel, cierro y me la trago. El que la quiera que me arranque el estomago." 
Después ocurrió la primera espina. Entonces él le pateo la puerta hasta que se hizo de día. Lo único que gritaba, lo que toda la noche aulló fue: "si vas a dejarme, ni se te ocurra un domingo. Nunca un domingo."
Un enamorado es un paralitico que consigue una pata de palo y se cree que va a cruzar la cordillera de los Andes.
Una noche ella decidió que no tendrían más noches, justo un domingo de invierno, demoledor, rebalsado de la peor de las tristezas: la dominguera, la única que nunca se aprende a vaciar. Esta vez el tipo no pateo ningún vidrio, simplemente se los mastico. Uso los dedos de pincel y escribió con sangre rabiosa en la única ventana de la casa que daba a la luna:
Un desenamorado es un ciego, un ciego que después de 100 años recupera la vista, justo en la mitad de la noche, y entonces grita y esta mierda es lo que hay para ver. 
Al rato se hizo lunes. Dos lunes después la había olvidado.


En Graciadió, 1997. (Raúl Perrone).