La primera vez que la tuvo dormida le dijo al oído sin despertarla: "ahora tengo la llave de tu piel, cierro y me la trago. El que la quiera que me arranque el estomago."
Después ocurrió la primera espina. Entonces él le pateo la puerta hasta que se hizo de día. Lo único que gritaba, lo que toda la noche aulló fue: "si vas a dejarme, ni se te ocurra un domingo. Nunca un domingo."
Un enamorado es un paralitico que consigue una pata de palo y se cree que va a cruzar la cordillera de los Andes.
Una noche ella decidió que no tendrían más noches, justo un domingo de invierno, demoledor, rebalsado de la peor de las tristezas: la dominguera, la única que nunca se aprende a vaciar. Esta vez el tipo no pateo ningún vidrio, simplemente se los mastico. Uso los dedos de pincel y escribió con sangre rabiosa en la única ventana de la casa que daba a la luna:
Un desenamorado es un ciego, un ciego que después de 100 años recupera la vista, justo en la mitad de la noche, y entonces grita y esta mierda es lo que hay para ver.
Una noche ella decidió que no tendrían más noches, justo un domingo de invierno, demoledor, rebalsado de la peor de las tristezas: la dominguera, la única que nunca se aprende a vaciar. Esta vez el tipo no pateo ningún vidrio, simplemente se los mastico. Uso los dedos de pincel y escribió con sangre rabiosa en la única ventana de la casa que daba a la luna:
Un desenamorado es un ciego, un ciego que después de 100 años recupera la vista, justo en la mitad de la noche, y entonces grita y esta mierda es lo que hay para ver.
Al rato se hizo lunes. Dos lunes después la había olvidado.
En Graciadió, 1997. (Raúl Perrone).
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