Suspiro...
Y no sólo escucho el sonido de mi aliento, por tercera vez, sino que miro por la puerta abierta de mi habitación y escucho ladridos entre el chillar de los grillos que resuena en mi oído.
De pronto, me sensibilizo y puedo sentir también, coreando el trazo de mi lapicera en el escribir de estas líneas, música de fondo...
Luego de unos minutos, retomo y se escucha un vehículo mientras una gota incesante no deja de caer en el baño que está al lado. Otro ladrido y otro crinar de la hoja que se queja porque la estoy ensuciando.
Vuelvo a escuchar al grillo, la luz roja de mi celular me impide continuar y todos los ruidos se vuelven uno. No es una moto, un auto, o un perro. Es la voz de mi conciencia que me pide reposo.
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